4 nov. 2010

Conejos, cojones y cojines

El conejo si no coge se apendeja, sólo se aconeja al llevar una vida sexual saludable, de agujero en agujero. Por eso, cuando Pompón se ve privado de coneja alguna, encuentra en la pantorrilla de Rodolfo a su gran amor, siempre y cuando éste lleve puestos los pantalones: se sabe que la desnudez a secas no seduce a nadie. Pero Pompón no es correspondido, según se deduce de la desganada patada que le da el hombre sentado en su cojín, por lo que, despechado, el animal muerde a Rodolfo, quien a su vez muerde a Pompón, pero a la hora de la cena. Misma reunión de la gula con el amor que sustenta, por citar otro caso, la leyenda de Drácula.

(de Que de mi piel un robot haga origami. Ediciones de la Ura. 2008)

No hay comentarios:

Publicar un comentario