2 nov. 2010

4 bestias

Una vez apareció un perro con un cuerno en la frente. Dijo: soy un unicornio. Nadie lo quiso adoptar. Sin casa, vagó por el mercado. Los gatos se reían. Los perros se alejaban de él. Entonces dijo: soy un perro. Una niña lo tomó en brazos y lo condujo sin escalas al país de los unicornios.

Otra vez apareció un caballo con un cuerno en la frente. Dijo: soy un unicornio. La televisión vino y lo filmó. Ganó mucho dinero. Entonces, cuando se hubo satisfecho, dijo: soy un caballo feliz. Acto seguido se tropezó y se rompió la pata. Como se acostumbra con estos animales, lo ejecutaron.

La penúltima vez que pasó esto apareció un hombre con un cuerno en la frente. Dijo: soy un unicornio. La gente le lanzó piedras a su esposa por adulterio. La iglesia lo excomulgó y alegó monstruosidad. La mayoría de sus amigos lo abandonó diciendo: nos importa un cuerno. Los médicos lo examinaron y no pudieron extirpar la extensión ósea. Intentó asesinar a otro hombre con el asta. Entonces se puso a andar de cuatro y relinchó: discúlpenme, soy sólo un hombre. Los periódicos amarillistas titularon: ser mitológico ataca a ser humano, el fi n se acerca.

La última vez una niña apareció con un cuerno en la frente. Se puso un sombrero bastante grande que lo cubría. Luego dijo: soy un unicornio. Las demás niñas dijeron lo mismo y se pusieron a jugar pretendiendo ser unicornios.

(en Que de mi piel un robot haga origami. Ediciones de la Ura. 2008 / Revista de cuento latinoamericano Mil Mamuts. 2005)

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