13 nov. 2010

Antropología

Érase Hansel y una Gretel vez, a punto de extraviarse irremediablemente. Hansel propuso ir dejando semillas –el pan ya se lo había comido él a escondidas- de modo que señalaran el trayecto para poder volver sobre sus pasos cuando fuera necesario. Así que lo recorrieron alegremente, daban saltitos, volviéndose un par de veces a admirar la ruta de semillas marcada por su ingenio.

Una última vez miraron hacia atrás: de las semillas había crecido una selva tropical impenetrable. No encontraron ni a la bruja, siguen ahí.

Antropólogos estudian su descendencia.

(en Que de mi piel un robot haga origami. Ediciones de la Ura. 2008)

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