22 ago. 2013

SUPERPODER

El problema de volar es que desde arriba todo te parece pequeño.

Al verse pequeño, extendés el brazo y ese todo parece asequible con la mano.

Todo, con la mano.

Así que para vos volar nunca representó un superpoder, como sí para tu tío, adicto a la adrenalina de burlar la gravedad y, cuando eso sólo ya no fue suficiente, también la ley, pilotando entre las nubes transportando toneladas del polvo del que éstas fueron hechas, más o menos, según dice, por payaso.

Pero para vos no, volar no, nunca fue superpoder. Más bien te lo mostró.

Un radical cambio de perspectiva, el mismo que de súbito sintieron miles de parisinos cuando subieron a su recién construida torre, de ver todo lo que conocían tan chiquito, tanto que todo, extendiendo el brazo, fuera aparentemente asequible con la mano.

El superpoder real es ése: bajar de la torre, aterrizar el avión, acercarse a todo y, aún así, poder extender el brazo y que sea, con la mano, asequible.

Así que vendés repuestos.

Eso rinde, al parecer, porque de súbito comprás un montón de empresas.

Luego un partido.

Y obtenés el poder que hoy, 22 de agosto, por ley,
es por fin:

SUPERPODER.

Felicidades:
vencer la gravedad es una cosa,
hacer lo mismo contra la lógica que impone la pespectiva de la distancia,
otra.



3 may. 2013

Sísifo lento y el corazón roto del millenial asunceno


Tus padres te confiesan obligados que ellos compran los regalos de reyes magos, que como criminales se deslizan en tu dormitorio durante la madrugada.

¿Te acordás del golpe seco de la desilusión infantil? ¿De su patada quirúrgica en la sien? 

No es que doliera el hecho de que otra fantasía más acabara en el chiquero de la realidad, te pasaba día de por medio, es parte de la vida, todo bien. Lo que extinguía las reservas de stock de tu inocencia era la traición de los adultos que, entre otros rituales al pedo, te incitaban a colocar una palangana con agua en el patio para camellos extenuados de tanto repartir objetos no merecidos por el planeta. Todo bola: quedabas como pelotudo, que era lo que dolía.

Te descuidás y por ahí hay gente que se vuelve adicta. Quizás sea el punto de cuanto sigue.  

A finales de los ochenta alguien en Asunción lleva la situación descrita arriba a un grado de crueldad difícil de calcular: un estadio de fútbol repleto, una masacre de miles de inocentes. No hay dictador militar implicado y tampoco fusiles. No literalmente.

Un canal de televisión (sólo había dos) organiza la venida de dos de los personajes más populares de su programación: Alf y el Topo Gigio. Por un lado un alienígena enano que descubre las maravillas de la familia y cultura gringa y, por el otro, un ratón todavía más enano que vive con un hombre de edad, con quien interactúa siempre antes de irse a la cama. Grandes modelos de rol, todos los niños televidentes los tienen de ídolos.

Y de repente vienen a Paraguay, a un agujero subtropical en el vórtice del remolino sudamericano. Donde no viene nadie, por lo menos nadie de la cultura industrial occidental, sea del cine, la televisión o la música. Por lo tanto es el evento del año: publicidad hasta más no poder. Cuenta alguno que el canal inclusive llega a "doblar el doblaje" para que Alf respondiese al padre de su familia anfitriona que no, que no puede ayudar el fin de semana a limpiar el garage porque tiene que viajar a Paraguay. De modo que no es extraño que el estadio de uno de los clubes más importantes del país se llenara varias horas antes de la indicada para el instante que, en ese entonces, apunta a ser el más glorioso de la corta vida de muchos.

Pero no.

Para lo que en realidad sucede ese día, el testimonio del usuario Siriuz en el foro paraguayo Radioso'o, el 23 de junio de 2006:

"¡Boludo, qué crueldad! Fue a finales de los ochenta. Mi abuela nos había hecho el aguante, se dispuso a llevar a tres niños (no mayores de 10 años) a la gran odisea de identificar a un ratoncito de 10 cm. desde... ¡un estadio lleno de personas! Bueno, al menos ése era el panorama. Salimos temprano, más o menos a las 9 am (el evento empezaba a las 16) y al llegar al estadio nos dimos cuenta de que iba a ser casi imposible ver al "Topo" debido que a las 10 am ya estaba a la mitad el estadio; pero no importaba, el frenesí nos llevó a empujar y patear gente hasta que, finalmente y con mucha dificultad, llegamos a unos 5 metros de la tarima principal. Esperamos ahí parados durante horas. Suerte la abuela era un buen sponsor: algún que otro juguito con chipa le hicimos, hasta que, finalmente y en medio del calor infernal, sube el Xuxo criollo a anunciar la llegada de lo increíble: el Topo Gigio ya estaba allí y a punto de salir. Recuerdo que le dije a mi hermana que ése era el mejor día de mi vida (ya que yo era fanático del bicho y tenía todos sus casettes), cuando de pronto sale un mastodonte de 2.14 metros, con mameluco azul (confeccionado al toque), una remerita blanca mangas cortas (que dejaba ver que era un hombre de unos 30 años debido a la exuberante vellosidad del antebrazo y la busarda de cervecero) y una máscara enorme, tipo Disney, de lo que parecía ser un "marsupial de orejas grandes", pero de rasgos indefinidos, pasando por Topo pero tirando a Zarigüeya. Me acuerdo tan bien del sonido de los corazones rotos. Hubo un momento de silencio cuando salió el bicho a escenas, pues éste salió gritando y riendo y sin embargo los niños seguían esperando al "Topo Gigio" con la mirada fija en el suelo del escenario, que es el lugar donde se suponía iba a aparecer la "marioneta". Luego vino el llanto: ¡miles de niños frustrados! Sus sueños de ver al simpático ratoncito que salía antes del noticiero ya no eran, en su lugar estaba este energúmeno que saltaba y gritaba como un orco más en la tierra de Mordor. El único consuelo fue ver por fin al increíble extraterrestre (come gatos) que salía a las 16 horas todos los días (y todos capítulos repetidos) por la RPC canal 13. La única cagada es que a ALF se le olvidó el idioma español y no emitió sonido alguno, sólo saltaba y se sacudía como cuando se te suben esas hormigas rojas que pican y te quitan granito. Cuando terminó el show recuerdo que con mi hermanos nos arrastramos hasta el "Backstage" a saludar a nuestro ídolo máximo de las tardes, ALF! (aparte de Zamed "el duende de arena"), cuando nos encontramos con un montón de gente conocida, la gente del Mundo Fantástico de TITO!, que en nuestra inmaculada inocencia pensamos fueron a saludar también al simpático extraterrestre y, en eso, aparece ALF!, pero esta vez se lo notaba más nervioso, ya no reía, sino se quejaba, ya en español, de lo mucho que le picaba adentro. Al final resultó que el extraterreste había tenido que viajar de urgencia a su planeta y le dejó "las perchas" a nuestro simpático amigo "Cebollita" para que éste le hiciera el aguante. En fin, éste es un pais generoso, ¿o no?" 

+ Mundo Fantástico de Tito era otro programa del canal, con el chileno Tito García de animador y fabricante de botargas/disfraces. Cebollita era el payaso enano que le hacía de asistente. Tito es hasta hoy considerado gran culpable de lo ocurrido. Sigue en activo.

+ Véase también el aporte ciudadano al periódico Abc Color en marzo del 2010: http://www.abc.com.py/especiales/dime-con-quien/con-alf-y-el-topo-giggio-84708.html

De esta manera una generación entera de la clase media urbana aprende a ser estafada. Desde chicos, como debe ser. Después viene la democracia y sigue la joda de los disfraces mal confeccionados. En marzo de 1999 es asesinado el vicepresidente y, entre otros colectivos sociales, salen a la calle cientos de esos mismos jóvenes que una década antes estaban en el estadio del Club Olimpia, listos para defender una nueva ilusión. Algunos mueren. Hoy muchos recuerdan la explosión del globo de su expectativa apenas unos pocos meses después, recuerdan sentir el haber participado de una gran farsa política, de las que abundan aquí. Farsa que se vuelve a repetir en junio de 2012 con la masacre de campesinos y policías en Curuguaty y el subsiguiente y apurado juicio político a través del cual el Congreso expulsa al Presidente. Apenas un par de semanas previas a dicha masacre y juicio miles de personas obligan a los congresistas a huir del parlamento, luego de que éstos intentasen aprobar aumentos siderales para operadores electorales de sus respectivos partidos políticos. En aquel momento alcanza auge el sentimiento de ciudadanía por parte de un hervidero de clase media urbana mayoritariamente joven, al igual que en otros países (Indignados, Occupy, yosoy132…), y su ilusión es tremenda, quizás de cierto modo -cuantitativo- parecida a la de aquel tiempo en que Alf y el Topo Gigio venían a Paraguay.

Sólo que después viene otra cosa muy distinta.

Siempre termina viniendo esa misma cosa, distinta, pero mi generación no aprende.

Aunque estoy diciendo boludeces y no tiene que ver con generación alguna.

Paraguay iba a ser potencia, no tenía deuda, se industrializaba, formaba a sus jóvenes, cada quien tenía un pedazo de tierra. Y de repente se fue todo a la puta.

El disco rayado de lo que se esperaba que fuera. Repetimos algo similar, a menor escala, cada diez años o así.

Por eso quizás no sea el infortunio el que se enamoró del Paraguay, ni tampoco al revés, porque aquí no se juega a la desgracia a secas, sino a la ilusión y al desencanto, como un korekoguá infinito, Sísifo lento, sin memoria de lo que sucede cada vez que está por pisar su cima.