7 sept 2012

Experimentación de la fe


Límite entre Asunción y Lambaré, Paraguay, principios de la década de los 90.

La urbanización consta de seis manzanas encerradas entre una avenida bastante transitada y un arroyo igual de contaminado, como todos los que atraviesan la ciudad. Coincidimos un grupo numeroso de niños, como 20, apenas separados por un par de años en edad. Crecemos juntos, nos volvemos hermanos. Experimentamos el ocio colectivo y su pubertad correlativa. Además del fútbol, el alcohol a escondidas, los malones que se organizan sobre otros grupos, de barrios cercanos, pasamos juntos innumerables siestas con temperaturas mayores a los 40 grados centígrados, con un 90 por ciento de humedad, sentados en la vereda tomando tereré y hablando de las mujeres del barrio aledaño que querríamos raptar, como romanos, o de los pelotudos coetáneos de ese mismo barrio que querríamos reventar, como romanos. Violencia y sexualidad, nada raro para una pequeña tribu de adolescentes de 12 a 14 años. En aquel entonces transmitían únicamente dos canales en la tv, las computadoras domésticas eran todavía un lujo: la solidaridad del aburrimiento era por ende una actividad mucho más atractiva que permanecer intramuros. En ese contexto aparece un mesías. A esto le sigue una improvisada peregrinación de varios kilómetros. El asunto, por supuesto, acaba del mismo modo en que acaban todos los asuntos que involucran mesías a lo largo y ancho de la historia de nuestra especie.

Éste es el relato contado por sus protagonistas 20 años después:


2 ago 2012

26 ago 2011

Didáctica

Los hombres mean parados, le dice Darth Vader a su hijo pequeño ante el retrete. Sables de orina, imitan el sonido láser con la boca.

2 abr 2011

La pifiada

El que se pichó dijo la pelota es mía y se proponía mandarse mudar, con ésta en las manos, cuando vio que los otros habían empezado a patear la botella de plástico de una gaseosa que él mismo había bebido previamente.

Se detuvo entonces y reclamó esa botella también es mía, la compré yo.

Pero enseguida alguien cabeceó una pelota imaginaria y provocó el disparo de los reflejos del arquero, que pegó un salto desviando apenas la idea de un balón envenenado que daba de chiripa contra el palo de pvc del arco encastrable que, asimismo, resultó ser propiedad del pichado, quien lo desarmó al instante, pichadísimo.

El guardametas, todavía en el piso, se descalzó y puso sus zapatos en ambos extremos de la portería. Su contraparte hizo lo mismo, por lo que el partido siguó con normalidad ante la mirada estupefacta de quien se había pichado con anterioridad y ahora lo estaba aún más.

Éste es mi patio, gritó, váyanse. Soltó a los perros que salieron corriendo para encontrar el campo vacío y, tras las rejas, la calle empedrada llena de pibes con las miradas en picada disputando un pedazo de aire con los pies.

Él también salió a la calle y, soberbio, alzó la voz para que todos lo escucharan: ah, claro, el que se picha pierde gua'u.

Inmediatamente a alguien se le ocurrió tirarle un centro y él, que no esperaba nada, sin embargo sintió el golpe en el pecho, el sonido de la pelota cuando rebotó frente a él, pero sobre todo, en sus tripas, la urgencia de patear la nada, cosa que primero le sorprendió y finalmente hizo, esperando a que el arquero reaccionara. Pero éste continuó sin moverse. Los demás no, que ya corrían en su dirección para quitarle algo que él, sencillamente, era incapaz de ver.

27 nov 2010

Fobia

Cuando era pequeño su madre le había echado al suelo de cabeza. Al hacerse un poco mayor, ella se excusó diciéndole que se le había resbalado. De modo que, años después, él se encontró incapaz de no comprar todo lo que pudiera venir con mango antideslizante: el cepillo, el desodorante roll-on, la afeitadora y cualquier otra extensión de su esqueleto que él imaginara pudiera escaparse entre sus dedos y ocasionar daños permanentes. Lo cierto es que no tenía problema alguno en encontrar infinidad de artefactos que cumplieran este requisito, ya que al parecer era tendencia en los productos dirigidos al consumidor masculino. Qué era en realidad eso que tanto temían los perros, si juzgara uno por los pasillos del supermercado.

Eventualmente fue y le aplicó, quirúrgicamente, incrustaciones en la espalda a su novia, haciéndose evidente que su temor a que se le resbalaran las cosas se le había ido de las manos. Ésta fue la razón por la que su madre se sintió obligada a confesar.

19 nov 2010

Fanatismo

El fotógrafo ciego tenía un discurso muy interesante sobre la percepción no visual, tanto que se ganó muchos adeptos. Varios de ellos deseaban posar para su cámara y, aunque no siempre lo lograban, se lanzaban como acróbatas para salir en algún súbito encuadre. El fotógrafo ciego se hizo famoso por, según anunciaba la crítica, sus retratos táctiles: las caídas eran, a todas luces, muy dolorosas.

13 nov 2010

Antropología

Érase Hansel y una Gretel vez, a punto de extraviarse irremediablemente. Hansel propuso ir dejando semillas –el pan ya se lo había comido él a escondidas- de modo que señalaran el trayecto para poder volver sobre sus pasos cuando fuera necesario. Así que lo recorrieron alegremente, daban saltitos, volviéndose un par de veces a admirar la ruta de semillas marcada por su ingenio.

Una última vez miraron hacia atrás: de las semillas había crecido una selva tropical impenetrable. No encontraron ni a la bruja, siguen ahí.

Antropólogos estudian su descendencia.

(en Que de mi piel un robot haga origami. Ediciones de la Ura. 2008)