26 ago 2011
Didáctica
Los hombres mean parados, le dice Darth Vader a su hijo pequeño ante el retrete. Sables de orina, imitan el sonido láser con la boca.
2 abr 2011
La pifiada
El que se pichó dijo la pelota es mía y se proponía mandarse mudar, con ésta en las manos, cuando vio que los otros habían empezado a patear la botella de plástico de una gaseosa que él mismo había bebido previamente.
Se detuvo entonces y reclamó esa botella también es mía, la compré yo.
Pero enseguida alguien cabeceó una pelota imaginaria y provocó el disparo de los reflejos del arquero, que pegó un salto desviando apenas la idea de un balón envenenado que daba de chiripa contra el palo de pvc del arco encastrable que, asimismo, resultó ser propiedad del pichado, quien lo desarmó al instante, pichadísimo.
El guardametas, todavía en el piso, se descalzó y puso sus zapatos en ambos extremos de la portería. Su contraparte hizo lo mismo, por lo que el partido siguó con normalidad ante la mirada estupefacta de quien se había pichado con anterioridad y ahora lo estaba aún más.
Éste es mi patio, gritó, váyanse. Soltó a los perros que salieron corriendo para encontrar el campo vacío y, tras las rejas, la calle empedrada llena de pibes con las miradas en picada disputando un pedazo de aire con los pies.
Él también salió a la calle y, soberbio, alzó la voz para que todos lo escucharan: ah, claro, el que se picha pierde gua'u.
Inmediatamente a alguien se le ocurrió tirarle un centro y él, que no esperaba nada, sin embargo sintió el golpe en el pecho, el sonido de la pelota cuando rebotó frente a él, pero sobre todo, en sus tripas, la urgencia de patear la nada, cosa que primero le sorprendió y finalmente hizo, esperando a que el arquero reaccionara. Pero éste continuó sin moverse. Los demás no, que ya corrían en su dirección para quitarle algo que él, sencillamente, era incapaz de ver.
Se detuvo entonces y reclamó esa botella también es mía, la compré yo.
Pero enseguida alguien cabeceó una pelota imaginaria y provocó el disparo de los reflejos del arquero, que pegó un salto desviando apenas la idea de un balón envenenado que daba de chiripa contra el palo de pvc del arco encastrable que, asimismo, resultó ser propiedad del pichado, quien lo desarmó al instante, pichadísimo.
El guardametas, todavía en el piso, se descalzó y puso sus zapatos en ambos extremos de la portería. Su contraparte hizo lo mismo, por lo que el partido siguó con normalidad ante la mirada estupefacta de quien se había pichado con anterioridad y ahora lo estaba aún más.
Éste es mi patio, gritó, váyanse. Soltó a los perros que salieron corriendo para encontrar el campo vacío y, tras las rejas, la calle empedrada llena de pibes con las miradas en picada disputando un pedazo de aire con los pies.
Él también salió a la calle y, soberbio, alzó la voz para que todos lo escucharan: ah, claro, el que se picha pierde gua'u.
Inmediatamente a alguien se le ocurrió tirarle un centro y él, que no esperaba nada, sin embargo sintió el golpe en el pecho, el sonido de la pelota cuando rebotó frente a él, pero sobre todo, en sus tripas, la urgencia de patear la nada, cosa que primero le sorprendió y finalmente hizo, esperando a que el arquero reaccionara. Pero éste continuó sin moverse. Los demás no, que ya corrían en su dirección para quitarle algo que él, sencillamente, era incapaz de ver.
27 nov 2010
Fobia
Cuando era pequeño su madre le había echado al suelo de cabeza. Al hacerse un poco mayor, ella se excusó diciéndole que se le había resbalado. De modo que, años después, él se encontró incapaz de no comprar todo lo que pudiera venir con mango antideslizante: el cepillo, el desodorante roll-on, la afeitadora y cualquier otra extensión de su esqueleto que él imaginara pudiera escaparse entre sus dedos y ocasionar daños permanentes. Lo cierto es que no tenía problema alguno en encontrar infinidad de artefactos que cumplieran este requisito, ya que al parecer era tendencia en los productos dirigidos al consumidor masculino. Qué era en realidad eso que tanto temían los perros, si juzgara uno por los pasillos del supermercado.
Eventualmente fue y le aplicó, quirúrgicamente, incrustaciones en la espalda a su novia, haciéndose evidente que su temor a que se le resbalaran las cosas se le había ido de las manos. Ésta fue la razón por la que su madre se sintió obligada a confesar.
Eventualmente fue y le aplicó, quirúrgicamente, incrustaciones en la espalda a su novia, haciéndose evidente que su temor a que se le resbalaran las cosas se le había ido de las manos. Ésta fue la razón por la que su madre se sintió obligada a confesar.
19 nov 2010
Fanatismo
El fotógrafo ciego tenía un discurso muy interesante sobre la percepción no visual, tanto que se ganó muchos adeptos. Varios de ellos deseaban posar para su cámara y, aunque no siempre lo lograban, se lanzaban como acróbatas para salir en algún súbito encuadre. El fotógrafo ciego se hizo famoso por, según anunciaba la crítica, sus retratos táctiles: las caídas eran, a todas luces, muy dolorosas.
13 nov 2010
Antropología
Érase Hansel y una Gretel vez, a punto de extraviarse irremediablemente. Hansel propuso ir dejando semillas –el pan ya se lo había comido él a escondidas- de modo que señalaran el trayecto para poder volver sobre sus pasos cuando fuera necesario. Así que lo recorrieron alegremente, daban saltitos, volviéndose un par de veces a admirar la ruta de semillas marcada por su ingenio.
Una última vez miraron hacia atrás: de las semillas había crecido una selva tropical impenetrable. No encontraron ni a la bruja, siguen ahí.
Antropólogos estudian su descendencia.
(en Que de mi piel un robot haga origami. Ediciones de la Ura. 2008)
Una última vez miraron hacia atrás: de las semillas había crecido una selva tropical impenetrable. No encontraron ni a la bruja, siguen ahí.
Antropólogos estudian su descendencia.
(en Que de mi piel un robot haga origami. Ediciones de la Ura. 2008)
10 nov 2010
Negocio
A la madre del niño se le cae el cabello de los nervios. El niño lo recoge con paciencia. Con tijeras, papel e hilo arma bolsitas y, sobre su vereda, vende el té helado. A las otras mamás del barrio se les cae el cabello de los nervios, que él compra de los demás niños. Pronto inaugura sucursal en el barrio de a lado. Ponele nerviosa a tu mamá que es negocio, les dice a todos en la escuela.
8 nov 2010
Fui gusano
Con una idea fija salgo por la puerta, le arrebato la ballesta a Guillermo Tell, acierto el árbol o al niño, pero acaramelo la manzana. Instalo un puesto de venta en el mercado, le robo la manzana al primer cliente con quien la comercio. Enseguida, envuelvo la manzana a manera de regalo con las primeras páginas del Génesis, asisto al cumpleaños de una bruja, su presente es la manzana. Ella la envenena, me disfrazo de Bella Durmiente, me devuelve la manzana, la guardo en la heladera, duermo una siesta y, cuando el príncipe me besa, arengo a mis amigos de más corta estatura para que lo apaleen por acosador. Mientras, salgo sigilosamente con la fruta y, ya solo, la diseco: la manzana es el mundo.
(en Que de mi piel un robot haga origami. Ediciones de la Ura. 2008
(en Que de mi piel un robot haga origami. Ediciones de la Ura. 2008
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